De cómo estamos dejando (e)nseñ(duc)ar a nuestros hijos

No se si es que tengo un problema y soy demasiado crítica o es que no soporto que, bajo una apariencia de intelectualismo y seriedad, nos cuelen mediocridades y falsedades. Pero estoy cansada de ver cómo mantenemos con impuestos y cuotas a diferentes organismos y entidades, supuestamente creados para lograr un fin de cierto alcance, que no hacen otra cosa que aparentar lo que no son y, además, parecen creer que los demás somos tontos o estamos equivocados.

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Lo terrible es que esto pueda ocurrir en algo tan serio como la educación y, en concreto, en los libros de texto y diccionarios elegidos por los centros educativos. Todos sabemos que no interesa tener a unos ciudadanos bien formados pues cuestionarán muchas decisiones, haciendo difícil el gobierno y no serán lo suficientemente sumisos como desean nuestros gobernantes. Pero de lo que parece que no seamos tan conscientes es que eso empieza en la escuela, en parte de los centros y de sus enseñantes, lo cual me lleva a otras preguntas, bastante más duras que no enumeraré aqui por respeto a compañeros enseñantes pero a los que, al mismo tiempo, pediría hagan introspección y revisen decisiones y comportamientos de inercia, así como su propio código deontológico.

Se están dando unos contenidos recortados (también), pero también manipulados y falseados con el argumento de adaptarlo al nivel del curso en que se dan, pero esto no es congruente ni con lo que se hace en otras materias ni con el supuesto propósito de la escuela, según el cual, se ha de dar información veraz y aunque sea en partes, para ir ampliando conforme la madurez de los niños permita comprender el todo.

El curso pasado ya me chocó bastante ver cómo enseñaban únicamente 2 de los movimientos de la Tierra, en lugar de nombrar al menos 4 y explicarlos con una explicación adaptada al nivel de comprensión según edades, de manera que los alumnos no acaben creyendo ERRÓNEAMENTE que los movimientos del planeta son SÓLO 2 para más adelante descubrir que han sido ENGAÑADOS pues hay más (que son igualmente capaces de comprender con una sencilla explicación y ejemplos).
No creo que sea buen criterio pedagógico llevar a los niños a encontrarse con informaciones contradictorias en casa o en cualquier medio de información que quisieran consultar.

Esto pone en tela de juicio el material didáctico empleado en los colegios y cuestiona a los que intervienen en su elección y difusión.
¿Quién revisa la información publicada? ¿Quién da el visto bueno a utilizar una editorial u otra? Pero lo más grave es ¿Quién está autorizado a publicar libros de texto y diccionarios que parecen escritos por absolutos ignorantes? ¿Se debe esto a errores garrafales de gestión o, por el contrario, es una estrategia, además de económica, sociológica para mantener la ignorancia al tiempo que se aparenta hacer lo contrario?
O, aún peor, ¿es una manipulación de mentes?

centro educativo

Y no, esto no es la conclusión de una mente conspiranoica o si no, diganme ustedes si les parece normal que la definición de “granada” en su primera acepción sea:
“Explosivo que cabe en una mano y que se lanza justo antes de que explote”.  Aparte de lo tendencioso de esta acepción y poco adecuada para niños de primaria, ni siquiera es correcta pues esta definición sólo aplica a la granada “de mano”. (y me salto lo de que tiene forma de piña…)

Y sólo en la segunda, pongan la traducción a “magrana” que van y definen como “fruit groc per fora i roig per dins”.  ¿Seguro que ésta es la única fruta con esas características?
Y ahora, pídanle a estos niños que hagan un trabajo sobre los frutos del otoño sin que les “explote” en la cara…

La definición de “oso” tampoco tiene desperdicio: “animal salvatge, molt gran, de pèl llarg y espés”…..

Sin comentarios…

Cualquiera que haya jugado al Scrabble o haga crucigramas sabe que siempre que se genera una duda se recurre al diccionario y, de hecho, los crucigramas se basan en las definiciones oficiales. ¿Cómo van a saber poner OSO cuando se refieran a plantígrados? ¿Qué ocurriría si no podemos fiarnos de las definiciones del diccionario que usamos en el colegio, no el comprado en tiendas de baratijas, no, sino el oficial del centro de educación pública de primaria?

Existe la expresión “por definición” a la que recurrimos para zanjar una discusión semántica ¿A qué nivel queda relegada si nos fiamos del diccionario Caramull Inicial de la editorial SM, cuya respuesta a mi queja es la de que entienden mi opinión y, de hecho, puedo contar con el diccionario Caramull Avançat en el que encontraré más palabras y más precisas. que se ajusten mejor a mis necesidades…Entiendan que no es una cuestión de necesidades ni de gusto.

Perdonen ustedes pero no pido más palabras ni más precisión. Pido veracidad, objetividad y neutralidad así que ya me explicarán por qué para “gat” tenemos “animal que suele vivir con las personas, tiene el pelo suave y caza ratoncitos” (traducción propia). La única diferencia existente entre el Inicial y el Avançat debería residir en lo extensa de la definición pero no en la veracidad o exactitud de ésta.

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Y seguiré preguntando ¿quién hay detrás de esa editorial para que se les haya autorizado a publicar esa sarta de necedades como definiciones? ¿O es que no hay nadie que revise los contenidos de los libros de texto?

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